No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Recorre por Buenos Aires, jactándose de erudito
el asno Nicolás Márquez, que se soltó de su estaca:
...y sé lo machote que sos cuando leo tus rebuznos
que de intelecto tenés, media onza de seso en bruto
y sin embargo querés: pasar como todo un culto...!
Ahora andas por tus corrales; donde olvidaste la albarda
y profieres lo que quieres de otros asnos que te aguantan
y reescribes tan ufano, los cuentos de los “tiranos”
dicho con el maleficio de otros asnos que te engañan.
Oh! noble pueblo argentino amarraaaá bien a este Márquez
que sus coces no levantan ni el polvo de sus quebrantos.
Dice el asno en sus arengas que el pueblo común no entiende
nadie te entiende verdugo, ni los que bien te han pagado
y de copión consagrado te ganas cuando difamas
con la crónica del pobre y con la plata del gusano,
con las órdenes del yanqui y plata del mercenario
¡Qué equivocado andas Márquez…
cuenteando para hartar tu hambre!