No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Recorre por Buenos Aires, jactándose de erudito el asno Nicolás Márquez, que se soltó de su estaca: ...y sé lo machote que sos cuando leo tus rebuznos que de intelecto tenés, media onza de seso en bruto y sin embargo querés: pasar como todo un culto...!...
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