No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
No estaba escrito nada;
fue repentina
la noche que encendió en las quebradas
calor de rayos dorados en la cumbre
gota de humedad en la flora esperaba.
Labios de dulce festín, enamorados
de los sándalos recogidos para adorno
dio en la prole un valor no consentido
que adora la amante desdichada.
Y, no era el pecho el que ansiaba pena
ni gloria, ni temor, sino cansino
de tus viajes inmundos
que empeñan trauma eterno.
En mi sendero tus ojos son faroles (hijo)
que ven entre; las rosas, laureles y claveles
al asqueado sabor de valeriana
para calmar la tentación de un alma en pena,
de un corazón que a oscuras socava
la incomprensión perversa de la “verdad” soñada.
Puede ser, de que unos cuatro fanalitos,
de pasión y ternura consagradas, esperen ver
en su jardín ufanos lo que más ignoran del pasado
esa pizca de “verdad”, que nunca acrisoló a mis Anturios.