No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Yo tengo una felicidad intermitente,
que se enciende y se apaga,
que gira y queda quieta,
una felicidad que se doblega
otra felicidad que también yergue;
yo tengo una felicidad amarga a veces
y de cuando en cuando una felicidad completa.
Tengo una felicidad que me gotea,
y que por un momento es río eterno,
pero viene y se escapa y sigue invierno
y no deja de ser intermitente.