No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
¡suba!... decía, y el holgazán nunca bajaba
"lo que diga mi jefa", argüía el esbirro,
mientras el igualado le llamaba Paty;
y la Paty guiñaba con el que le adulaba.
Mi jefa, no era de cristal pero tal vez de roca
no era de seda pero quizá de barro,
no era la mejor perla; pero algo era de impía
y vengando al de abajo cepillaba al de arriba.
Y el esbirro esperaba, tras la puerta de vidrio;
y tras la jefa corría adulón y adulonas
tenía el igualado su candidez forzada;
un fardo de paciencia y ni un gramo de rebeldía.