No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Creció y vivió en sus parajes,
con sombra, con luz, con viento,
y entre la lluvia y el tiempo
se agitaba mi apapuco.
Compartiendo candor con el labriego,
dio sus hojas, con sus ramas,
con sus combinadas flores
que cuelgan su esbelto tallo;
y enamorado el jilguero,
se acurruca en esas copas.
Y era yo, el que te arrancaba,
una vez, y una segunda, y otra vez
y era la cuarta: fui por la quinta jornada
y ya no te vi, te has perdido...!
ya no te encuentro en el llano,
ya no brillas en tu monte..
Reminiscencias que fueron
entre escombros y entre polvos
y en las repisas, quedaron
petalitos de tu rastro;
de lo que fue cuando fuiste,
mi escobita de apapuco.