No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Mis amigos,
no son pocos, pero tampoco son todos
pueden ser los que me encuentran, con su euforia y dicen:
que ellos son los que más viven de mi alegría.
Pueden ser los que me cuentan de sus penas,
¡qué sé yo!: el que arguye y filosofa
el que derrumba esas sendas de la monotonía
y con su contagio horizontal de su sonrisa
nunca lastima.
Suelen venir a veces con la aguda sinceridad soltando gracia
espantando a las páginas sublimes del letargo
con sus buenas nuevas y sus suaves palmadas
que es difícil asolarse o desganarse.
Gracias estimados amigos, que tu candor es arenga,
para seguir sin explayar más a la cordura
porque, si yo me inquieto todos vienen a aquietarme
y si ustedes se rinden al inquieto
es seguro que todos rompamos los silencios.