No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
La llacta, dice que se encogía envuelta en el chiri candente de su cosmos,
y que sobre ella danza el chumado que grita todopoderoso;
donde danzaba el pingullero andino
y danzan, y tropelan, los pocos y los muchos,
pero nada más queda de la mama, del taita y de los guaguas
que echar lava y vapor por su shimi para descargar su cólera.
Yo runa admirando a la guarmi que se empeña en maquillar su ruina,
para desengañarnos cuando la tempestad del frío, nos conjure
y luego nos olvidamos de las promesas a la mama,
y nos ensañamos hasta sacrificar cada cucho de la indefensa profana.