No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Voy camino de mi interminable jornada,
y tú vas conmigo, y tú vienes y compartes,
y me avizoras cosas supuestamente importantes,
las cosas sin sentido; de las que yo no consigo despegarme
porque sigo siendo ambiguo, retrógrado
y tú eres el amor que me haces ver muchas cosas
para que caiga en cuenta.
Y nos cruzamos de besos y de tactos,
de promesas y encantos.
Es como que para los dos la vida recién empieza
recién sí,
tan recién que sólo nos imaginamos cómo será el uno para el otro.
Déjame soñar, que en este mundo nada es raro
te amo y me amas, te prometo y a veces cumplo,
me prometes y tal vez seas solo sueño,
uno de los tantos sueños de los que añoro
ver alguna vez coronado.
Y miro que el muro a la distancia se impone,
que mi estancia es vacía con apenas tres bultos
mi madre, el ambiguo y yo.
Otras veces el escenario mental es más que un jolgorio
cuando mis manos sugieren que las tuyas se ensartan con las mías
y así transcurre el tiempo, vertiginoso, mezquino.
Sin vos que sigue yerto el nido y sin vos que todo lo que siento
y todo lo que pienso es un pobre delirio.
Y sin embargo, repito que: ¡...te amo!.