No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Cuánta falta hace...!
la despreciable virtud del atorrante
que gracias a él sabemos que odiar no es un defecto
¡que es virtud..!
y ya ven; es una impudicia vivir un mundo incierto,
deshumorado, parco y prevenido.
¡Honorable cleptomanía!,
noble acervo:
lengua llena para juzgar al acusado,
cuello blanco, un poco más
y casi casto.
Qué te puedo decir “Dr".?
Nuestras pócimas están llenas de defectos
somos el sentido común de los comunes.
Tres dosis de virtud hallé
en tus más contumaces alegatos,
¡leguleyo!:
...la infausta injusticia que es más cansina que benigna,
como ...el alegato mitómano del “profesional” profano;
y ...la rústica hipocresía que finge el bellaco atribulado
que encontrándolo flagrante sigue siendo “honrado”.
Pero sabemos distinguir a los menos contados
a los altruistas, a los abnegados;
que no se alzaron ni con el título,
ni con la sospecha,
ni con el bolsillo lleno de fajos mal habidos.