No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Relamida bajo la sombra de la manga,
despojada a secas se ocultaba la perla,
tal vez fue un día casual que dos rayos de sol
le asía y presa del fuego fulguraba
para que brille al antojo del ¡arte del joyero!
que se obsesiona por verle
asida en su dorado anillo.
¡Casada, se sentía!
comprada para que nadie le vea libertina;
y el ostentoso novio prescribía
que otros más raros que el mismo
mueren de envidia.
Eras mejor sin maquillajes y eras roca,
y eras mejor ser, una perla que una joya
Porque en los meñiques junto al oro mezclado
te convertiste en simple papel para el mercado.