No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
No es posible negar lo que en mi culpa
alcanza el error sublime del esperma
pero es inicuo el mundo con tus fábulas
“conspicua”!
cuando en tus realidades
se imponen los cuentos de pesares.
Como, de costumbre la astuta y cruel enigmática
zambulle como trucha en la laguna
y no convencen, sus agobiantes coces
que patean a ciegas y a garrotes.
Lo mío, nunca ha de ser negado,
ni olvidado en la memoria infausta,
que los ramos que me envías son tus dotes
esos que te rayaron la cabeza.
Y, perdona...!
que aún no se me abandona
la idea de nunca llegar a ver,
esa ¡tal... dote!