No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Que te sueñan ufana,
que te quieren y que mueren de ausencia,
que se irritan el alma
y que te nombran,
Como si fuera cierto que te extrañan
del pedazo de cielo que te ofrecen
de ese trozo de suelo que te compras,
de este ruido voraz que vos te ganas.
Como si fuera tan cierto que te aman,
como que ya no recuerdan cuando huyeron;
como que un simple nombre fuera todo
y, hasta que con eso y con decir que eres mía
es…¡ tener y hacer patria!... en su delirio.
Sin embargo aquí estamos
para que me hagas tuyo, a vosotros y también a aquellos
a los que dicen que están pensando en vos,
pensando en tu mañana,
excavando en tu seno las trincheras,
que no son de guerra, ni de paz
sino de insomnios.
Apátrida puedo ser y es mi fortuna,
que pinto en tu vientre mis delirios,
del mundo que es mi patria; vos la vida,
vos la tierra y la gente, vos mi pueblo.