No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Me asola la orfandad... sigo abstemio
de los consabidos deseos,
de los lascivos encuentros a medio vuelo,
de los pasos que enloqueciste la mirada
que animaste cuando algo en vos parecía certeza;
abstemio de tu fuerza virtual
que caminaba a leguas
con tu sombra a pulso de candor,
a flor de espera...
...que de verte sentí hechizada la entraña,
que de imaginarte en mi aposento
se obstinaba la noche.
Y, qué de vos...!!
cuando empotraste en mis cavilaciones
tantas travesuras,
pero a solas,
con las que me arrebolo de seguir intenso,
invariable, irascible sin haberte encendido
con el mechero de mi incienso...
de no haberte clavado con la lanza
de un errante ermitaño este corazón
para tu selva en tu monte denso.