No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
Luz de la tarde crepuscular ardía
de las aguas que el puerto azota en brisa,
en susurros de amor, en brizna sin lamento,
sin SON de excusas ni egoísmos,
con luz de mar, con sombra tropical, con deseo,
con candor arrullando la dermis de tu cuerpo…
a ritmo de escultor, labrando piedra.
con gimoteos de tu voz que no paraban
mi glande se encontraba triste aún y sin ganas
qué necesario era,
qué vital huir hacia el rincón de los dos y hacer el sexo
Intensa noche arrulladora,
hablamos pocas veces
como conversa de un roedor a voz baja y secreta;
a tientas y a solas para que nadie sepa
Recordamos,
bebimos del elixir de la vida…
Débora se recostó sobre mi hombro
y le invité a compartir el deseo
Deseo que no ha de parar jamás de ser deseado.
El mundo se detuvo a ignorar los segundos,
los minutos, las horas porque nuestros labios se hicieron uno solo,
nuestras manos unas y otras arengando el contorno
intensa es la tarde, intensa vos, intenso el otro
cada segundo es de placer, cada minuto es nuestro
Semi oscuro el espacio, nido en el que dos cuerpos se devoran
nuestras dos almas desnudas, ya sin nombres del placer toman forma
Ella se fundió en su reliquia
él vibró ardiendo en sus adentros
ella gimoteó a no poder;
él se hizo amo y dueño de sus gestos
Danza sin programar,
fue música extraña oyéndose a solas
ella intensa como nunca -dice- era el placer,
era la vida…
Fueron muchos segundos
miles de besos parecían que fueron
bajo el fragor de la pasión murió la noche…
Ella se fue:
regresó a su lugar
el también, parece que se fue
los dos mirando la ciudad porteña
los dos pasando lista a la memoria
los dos arribando al amanecer
de luz, de sol de pasión todavía