No quiero perturbar tu existencia, porque vos también eres parte de la mía. Y a la final el mundo no se termina con la existencia mía, ni la tuya. A veces o casi siempre, todos vivimos algo de lo que unos pocos extraños no lo viven.
La llacta, dice que se encogía envuelta en el chiri candente de su cosmos, y que sobre ella danza el chumado que grita todopoderoso; donde danzaba el pingullero andino y danzan, y tropelan, los pocos y los muchos, pero nada más queda de la mama, del taita...
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